El ministro de Desregulación del Estado salió a bancar el modelo con un texto repleto de imprecisiones, aunque con algunas confesiones.
“Un Gobierno tiene que mantenerse fiel al rumbo y a sus ideas, sobre todo cuando están generando los resultados esperados”, escribió Federico Sturzenegger en una columna titulada “Más allá del ruido” y publicada este domingo. El ministro comparó la situación actual con la del gobierno de Mauricio Macri, que según el iba por buen camino pero cayó por las críticas que recibía, y minimizó la pérdida de empresas, empleos, la caída salarial y el aumento récord de la morosidad.
Quizá en un intento de recomponer su relación con el resto del Gobierno, sobre todo con Karina Milei, a través de una nota en el diario La Nación Sturzenegger salió a defender la gestión del presidente Javier Milei y atacar los puntos por los cuales se critica a su administración. El ministro desregulador empezó a ser mirado con otros ojos por varios de sus compañeros del Gabinete luego de una serie de pasos en falso. Entre ellos el inconsulto DNU que desregulaba el practicaje y que paralizó el comercio exterior durante varios días hasta que Milei lo dio de baja.
Los supuestos motivos del fracaso de Macri
Según Sturzenegger, en la presidencia de Macri todo iba bien hasta 2017. “Caló tan hondo la idea de que todo iba mal que el Gobierno perdió el rumbo. Se desvió de su camino, agobiado por la supuesta urgencia. Lo que vino después es historia conocida”, aseguró el Coloso en su columna.
“Un gobierno tiene que mantenerse fiel al rumbo y a sus ideas, sobre todo cuando están generando los resultados esperados”, agregó. El discurso macrista apunta a que “el riesgo K”, hoy denominado “riesgo kuka”, agitó los mercados y provocó una dolarización de las carteras y que eso los obligó a endeudarse con el FMI.
Pero Macri anunció el acuerdo con el FMI el 8 de mayo de 2018, apenas unos meses después de su contundente victoria en las elecciones legislativas. El por entonces Presidente pidió 57 mil millones de dólares, de los cuales ingresaron más de 44 mil. Por lejos el acuerdo más grande de la historia del organismo y que representaba el 1.110% de la cuota que le correspondía al país.
El mismo FMI reconoció que fue un acuerdo político, que se violó su propia carta orgánica y que el dinero fue utilizado para la fuga de capitales, algo que el propio Macri también reconoció una vez que dejó la presidencia. “Parte del dinero se usó para pagarles a los bancos comerciales que se querían ir porque tenían miedo de que volviera el kirchnerismo”, aseguró en 2021 en una entrevista a la CNN.
Es que la famosa “lluvia de inversiones” del macrismo en gran parte estuvo compuesta de capitales que traían dólares, los cambiaban a pesos, acumulaban enormes ganancias debido a las tasas de interés positivas y meses después las pasaban a dólares y volvían a sacarlas del país.
En resumen, sacaban enormes ganancias en dólares sin producir ni generar empleos. Un proceso de valorización financiera similar al que aplicó la última dictadura cívico militar y que se profundizó en la década de los 90.
La defensa de Sturzenegger al modelo de Milei
Tanto Sturzenegger como Caputo —enfrentados en una fuerte interna— suelen deslizar que “Milei se anima a hacer lo que Macri no”. Quizá por eso al libertario le bastó la mitad de su mandato para provocar la misma cantidad de cierres de empresas y de pérdida de empleos registrados que al líder del partido amarillo.
Un crecimiento económico dispar
“Este gobierno ha puesto a la economía en un sendero de crecimiento luego de 12 años de estancamiento y caída del ingreso per cápita. Argentina creció 6,7% el primer año de Milei, 3,5% el segundo (ambos diciembre-diciembre), y el REM espera que crezca 2,7% este año y 3% el próximo”, escribió el Coloso.
Incluso reconoce que ese crecimiento es dispar, pero lo festeja. El gran problema es que los sectores primarios-extractivistas generan de manera directa solo el 10% del trabajo registrado e incluso creciendo destruyen empleos en lugar de generarlos, como ocurre en la actualidad con la minería, el petróleo y la intermediación financiera.
Es cierto que al estar encadenada la economía —cosa que el propio Milei parece no comprender cuando avala que “destruir la industria solo eliminaría el 20% de los empleos”— esos rubros eventualmente van a generar actividad en la Construcción, el Comercio y otros servicios.
Pero los sectores perdedores del modelo económico, justamente la industria, el comercio y hasta ahora también la construcción, generan casi el 50% de los empleos registrados y la mitad del PBI. Esa “reconversión productiva” de la que habla el Gobierno no tiene sustento y dejaría a millones de personas fuera del mercado laboral registrado.
Pérdida de empleos, cierre de empresas y precarización del mercado laboral
“Se crearon 500.000 puestos de trabajo en el mandato de Milei”, festeja Sturzenegger. “Una explicación posible es la ampliación del monotributo aprobada por el Congreso en la Ley Bases que facilitó que la gente migrara a esta modalidad más flexible y con menos carga tributaria. La monotributización que viene, dicho sea de paso, desde el 2012, es la respuesta del mercado buscando modalidades más flexibles de trabajo”, añade.
El propio ministro desmiente que la flexibilizacón laboral sea para generar más empleo registrado como dicen en el Gobierno, sino que es para facilitar las relaciones de dependencia encubierta con todo lo que eso supone: trabajar sin aguinaldo, sin horas extra, sin derecho a vacaciones pagas, con un bajo aporte jubilatorio y con la inestabilidad de ser despedido de un día para el otro sin una indemnización que al menos ayude al trabajador a vivir hasta conseguir otro empleo. En la actualidad la prestación por desempleo no supera los $352.000.
“Y un dato no menor, los sueldos de los monotributistas no son muy diferentes a los de los asalariados”, agrega Sturzenegger para justificar la precarización. Resulta que eso es resultado de la propia política del Gobierno, en la que los salarios son parte troncal del ajuste. El propio Caputo les avisó a los empresarios que no firmen paritarias por encima del 2% mensual porque la Secretaría de Trabajo no las va a homologar.
Desde noviembre de 2023 se perdieron 337 mil puestos de trabajo registrados. No es que 337 mil personas se quedaron sin trabajo, ese número es el saldo entre los que ingresaron y los que salieron del mercado formal. Lo mismo con las más de 30 mil empresas que cerraron, algo que Sturzenegger y todo el Gobierno minimiza diciendo que “tenían solo uno o dos empleados”.
“Los informales muestran un aumento significativo en sus remuneraciones reales: 64% por arriba del promedio del 2023”, escribió el Coloso. Más allá de que tiene una explicación, es poco serio pensar que los trabajadores informales le vienen ganando a la inflación por 64%. Sería una verdadera revolución salarial.
A finales de 2024 el INDEC realizó un cambio metodológico clave en la medición de la pobreza. En su relevamiento comenzó a captar de mejor manera ingresos que no necesariamente provenían de remuneraciones laborales, como la AUH, la Tarjeta Alimentar o el Potenciar Trabajo, entre otros tantos.
Además de provocar una exagerada baja de la pobreza, es la razón por la que crecen los ingresos que no provienen de actividades laborales. No es que sea incorrecto tener en cuenta esas herramientas, pero hasta diciembre de 2023 el cuestionario no era tan detallado y se omitían algunos ingresos. Si se hubiera relevado de la misma manera, la pobreza durante el Gobierno de Alberto Fernández también hubiera dado más baja.
Más allá de cuestiones metodológicas, es cierto que la baja en el consumo y la relativa estabilidad cambiaria —con un dólar que subió por debajo de la inflación— provocaron que la canasta de alimentos aumente menos que el promedio general. De esta manera, si más gente llega a cubrir la canasta es lógico que la pobreza baja.
El problema es que el ingreso disponible es mucho menor luego de pagar las tarifas y los servicios, desde luz, gas y agua hasta prepagas y telefonía e internet, que aumentaron varias veces por arriba de la inflación.
“Veníamos de 4 años con sueldos al nivel de países africanos”, sostiene Sturzenegger. Efectivamente los salarios tuvieron un muy bajo nivel de poder adquisitivo durante el gobierno de Alberto Fernández y perdieron contra la inflación al igual que la mayoría de las jubilaciones. Incluso el Salario Mínimo (SMVM) se devaluó 16%.
Pero con Milei los salarios registrados, tanto públicos como privados, perdieron de manera significativa con respecto a finales de 2023 y eso se ve reflejado en la caída del consumo masivo. El SMVM cayó más de 40%, la informalidad llegó al 44%, el desempleo pasó del 5,7% al 7,8% y el mercado laboral se sigue precarizando a través de la economía de plataformas
“¿Y qué onda con la sustentabilidad externa?”
Eso se pregunta Sturzenegger en su columna. El ministro desregulador festeja el “boom de exportaciones” primarias, de energía y minería” que según él son “gentileza del programa de desregulación que cambió la matriz de costos de la economía”.
“Pero no vino por arte de magia. La Ley Bases eliminó el barril criollo, el cáncer con el que se había destruido al sector energético”, festejó el Coloso. Esa desregulación tiene su resultado: los argentinos pagan uno de los litros de nafta más caros de la región a pesar de ser un país productor y exportador neto.
Es cierto que las exportaciones vienen creciendo a buen ritmo, motorizadas por esos sectores primarios. Pero achacarle eso exclusivamente a Milei es deshonesto. La minería y la energía requieren de unos procesos técnicos y administrativos que de por sí hacen que sea imposible pensar que todo comenzó el 10 de diciembre de 2023. De hecho el camino de Vaca Muerta comenzó en 2012 con la estatización de YPF durante el segundo mandato de Cristina Kirchner.
A pesar de eso, los pagos de deuda externa, los viajes al exterior, las compras de dólares por parte de ahorristas —superan los 44 mil millones de dólares desde la flexibilización del cepo en abril de 2025— y en menor medida la compra de productos puerta a puerta se llevan todo ese superávit comercial.
Y los vencimientos de deuda externa más exigentes comienzan a partir del año que viene: entre 2027 y 2029 nuestro país debe pagar algo más de 60 mil millones de dólares. Desde que asumió, Milei impulsó dos blanqueos, le pidió más dinero al FMI (hasta ahora ingresaron 16 mil millones de dólares) y así y todo necesitó de un inédito salvataje del Tesoro de Estados Unidos en medio de una corrida cambiaria allá por septiembre de 2025, antes de las elecciones legislativas nacionales.
De cara al año que viene hay serias dudas acerca de cómo el Gobierno va a encarar esos pagos, sobre todo en los 10 mil millones de dólares que aseguran conseguirán comprando reservas y con deuda con organismos internacionales. Decir que Milei no se topó —ni corre riesgo de toparse— con el histórico problema argentino de la restricción externa es falso.
Fuente: Página 12

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