Estudiar y trabajar ya no garantizan ascenso económico ni mejora en las condiciones básicas de vida. El malestar se profundiza cuando al deterioro económico se suma la pérdida de expectativas de mejora.

Por Eugenia Rodríguez/El Destape Web

No alcanza con vivir peor en el presente, el quiebre aparece cuando también se pierde la expectativa de mejora económica a futuro. Al respecto, 4 de cada 10 argentinos consideró que su situación económica es peor que la de sus padres y, en ese escenario, la desesperanza se disparó en los hogares argentinos. La situación impacta más fuerte en sectores medios y empleos protegidos, porque “implica una ruptura de expectativas previas”.

Así lo señaló un relevamiento sobre movilidad social presentado por la el Observatorio de la UCA que exhibió, además, cómo la falta de perspectivas de mejora se duplica cuando coinciden deterioro económico y nulas expectativas de cambio. De ese modo, si al vivir “peor” del presente se le suma la ausencia total de expectativas, la desesperanza escala al 20,2% de quienes ya viven peor que la generación previa y tampoco esperan más oportunidades para  sus hijos. 

“La movilidad ascendente, como horizonte compartido, muestra signos claros de erosión”, alertaron al respecto los especialistas. De esa manera, estudiar y trabajar ya no garantizan en Argentina la posibilidad de ascenso social.

Vivir peor que los padres

El 42,4% de la población adulta urbana evaluó que su situación económica es peor que la de sus padres. Este descenso económico intergeneracional pone sobre la mesa una experiencia de estancamiento o retroceso en las oportunidades de movilidad social en el país.

Así lo aseguró un informe que reconstruyó la radiografía sobre cómo conviven, en la Argentina actual, las dificultades del presente con las expectativas hacia el futuro. El documento, presentado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), exhibió que el descenso económico no se distribuye de manera homogénea: alcanzó al 51,9% de las personas del estrato muy bajo, frente al 34,2% del estrato medio alto. 

El deterioro de las condiciones de vida también aumentó entre quienes presentan una inserción laboral más vulnerable: llegó al 54,8% en trabajadores con subempleo o desempleo, mientras que se ubicó en 29,8% entre quienes cuentan con empleo pleno de derechos.

Asimismo, la falta de expectativas se asocia fuertemente a la desesperanza. En detalle, el 12,3% de la población adulta urbana declaró sentirse desesperanzada “siempre o muchas veces”. La proporción asciende al 16,1% entre quienes perciben que están peor que sus padres, frente al 9,6% entre quienes no reportan descenso económico intergeneracional.

 

 

Un dato no menor tiene que ver con que dicho descenso económico impacta más fuerte en sectores medios y empleos protegidos, porque “implica una ruptura de expectativas previas”, precisó el informe al que accedió este medio. De hecho, su asociación con la desesperanza aparece con más claridad en los estratos medios y en las inserciones laborales más protegidas.

 

Pocas expectativas futuras

Al combinar la coyuntura de crisis económica actual con las expectativas sobre el futuro de hijos y nietos, la desesperanza arrojó diferencias importantes.

El nivel más alto se observó entre quienes perciben descenso económico y, además, consideran que las nuevas generaciones tendrán menos oportunidades. En este grupo, el sentimiento de desesperanza alcanzo al 20%. En contraste, entre quienes no perciben descenso y mantienen expectativas favorables hacia el futuro, la desesperanza se redujo al 8,6%. Es decir que “la combinación de deterioro económico y expectativas negativas hacia el futuro configura los escenarios de mayor desesperanza”, se indicó en el informe.

 

 

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