La fortaleza de una gestión gubernamental radica en varias virtudes: transparencia, integridad, rendición de cuentas, eficiencia y participación ciudadana. Dentro de cada una de estas virtudes existen otras variables que tienen que ver con designar a funcionarios que conozcan por su experiencia el campo a gestionar. Uno de esos campos tiene que ver con el manejo de los datos estadísticos del INDEC; nadie podría poner en tela de juicio las capacidades de su exdirector Marco Lavagna. Su salida es un mal indicador de que algo no está funcionando de manera adecuada.

La transparencia e integridad no han sido virtudes contundentes en ninguna gestión gubernamental después de Alfonsín hasta aquí; estos atributos no fueron lo que mejor realizaron cada gestión de gobierno, unos con más o menos claros oscuros, pero todos no lograron tener mucha transparencia e integralidad.

Lo ocurrido esta semana con la “renuncia” de Marco Lavagna y todas las especulaciones de su salida marcan que el gobierno de Milei suma otro hecho de turbiedad y falta de eficiencia en la gestión de gobierno.

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¿Por qué es tan importante tener confianza en el indicador del IPC?

El IPC (Índice de Precios al Consumidor) se basa en el seguimiento de los precios de una Canasta Básica de Bienes y Servicios que representa el consumo de los hogares, que incluye alimentos, vestimenta, transporte y salud. Se divide en Canasta Básica Alimentaria (CBA; mide la indigencia) y Canasta Básica Total (CBT; mide la pobreza), calculándose valorando los precios de productos esenciales según patrones de consumo que incluyen vestimenta, transporte, salud y servicios.

Lo que determinó la salida de Lavagna fue la negativa de Javier Milei de liberar el cálculo actualizado del IPC; hasta enero se venía calculando con una Encuesta Permanente de Hogares del 2004-2005. Ahora debería actualizarse esa ENGHO al 2017-2018, con lo que también cambiarían las ponderaciones.

El IPC tiene una importancia radical en determinar el poder adquisitivo, la actualización de los salarios en paritarias, el precio de los alquileres, los contratos privados, el ajuste en bonos financieros, el precio de servicios públicos y las tasas de interés financiero.

Claramente se puede ver que la transparencia e integridad no figuran en el manual libertario, pues si no les gustan los números reales de la inflación, vamos a ajustar esos números para que todo sea controlado por números ficticios de inflación. Con toda esta falta de transparencia y eficacia en la actualización de los cálculos para que los números se ajusten a la realidad económica de argentinos y argentinas.

Pero un número real de la inflación determinaría un golpe en la línea de flotación del esquema libertario, pues todas las demás variables económicas tienen una verdadera contundencia que determina el fracaso de un esquema económico para la gran mayoría de los ciudadanos. Lo peor de esta situación es que reafirma lo que la calle hace tiempo sabía: la realidad de una inflación galopante no era reflejada en los valores del INDEC, que ya tenía valores que se incrementaban.

La pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores formales e informales ha sido clara desde el 2025, con paritarias a la baja con números irreales por la gestión libertaria; ojo, aclaremos, estaban bien confeccionados, pero con esquemas de consumo del 2004.

Para tener en cuenta los cálculos del IPC, se calculaban como si viviéramos en el 2004, bien calculados para ese año, pero totalmente desactualizados para este 2026. También estarían desactualizados si se implementa el nuevo cálculo, porque serían datos al 2017-2018. Cambiar la forma en que se está consumiendo en cada hogar argentino es algo dinámico, no estático. Pensar de una manera unidireccional lleva a cometer errores por exceso o por defecto, a menos que, sabiendo que los números son irreales, te aproveches de esa situación. Y esa es la sensación que tienen los ciudadanos y ciudadanas que todos los días deben hacer malabares para adquirir los productos de la canasta básica.

Sabiendo que el FMI había advertido al equipo económico argentino que actualice el IPC a fines del 2025 pues los números de la inflación estaban desactualizados y no reflejaban la realidad. El gobierno argentino sigue haciendo la plancha con los datos estadísticos y eso no es bien visto por nadie.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio y no es prudente ir camuflado eternamente por ahí, parafraseando a Joan Manuel Serrat de Sinceramente tuyo.

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FM Chalet

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