Los países africanos, aliados en la cuestión de Malvinas, le reclamaron al embajador argentino ante la Unión Africana por el insólito voto respecto de la esclavitud. Sólo tres países votaron en contra: Argentina, Estados Unidos e Israel. Es el tema prioritario de Africa.
Por Raul Kollmann / Página 12
El embajador Juan Ignacio Roccatagliata enrojeció. No sabía que decir. Finalmente, sólo atinó a pedir disculpas y, agregar, “no fue mi decisión”. Quien lo increpó fue Mahamoud Alí Youssouf, presidente de la Comisión de la Unión Africana, algo así como la Unión Europea, pero de Africa, y agrupa a 54 países. El lugar, fue Adis Abeba, Etiopía, el jueves pasado. El embajador Roccatagliata no podía explicar que Argentina fue uno de los tres países del mundo -junto a Estados Unidos e Israel- que había votado en contra de Africa en su reivindicación de que la esclavitud fue crimen de lesa humanidad por duración, brutalidad y escala, un paso previo a pedir a los países centrales, esclavistas, algún tipo de reparación económica económica por los siglos de expoliación. Lo más grave es que los africanos votaron siempre a favor de la Argentina en el litigio de Malvinas y ahora ese respaldo, histórico e imprescindible, está en peligro porque la cuestión de la esclavitud es el tema de los temas en Africa. Es más, el canciller Pablo Quirno, ordenó que Argentina votara con Estados Unidos e Israel pese a la advertencia de la Dirección de Malvinas de Cancillería sobre las consecuencias multilaterales de votar en contra de Africa y el afroCaribe. Quirno respondió: “nuestros socios son Estados Unidos e Israel, no Africa ni el Tercer Mundo”. El voto en Naciones Unidas también golpea la candidatura de Rafael Grossi, el argentino que se postula para ser secretario general de la ONU.
¿Qué se votó?
La moción presentada por Ghana declara que “la trata y esclavización de africanos fue el crimen más grave contra la humanidad, que, por escala, duración, naturaleza sistemática, brutalidad y consecuencias duraderas, continúa afectando las estructuras sociales actuales en cuanto a racismo y desigualdad”. La resolución llama a los países a iniciar procesos de justicia reparatoria y considerar medidas como disculpas formales, restitución de bienes culturales y compensaciones económicas”.
El tema es el tema prioritario, número 1, no sólo para Africa sino también para los países afro-caribeños como Jamaica, República Dominicana, Cuba, Haití, Bahamas, Trinidad y Tobago, en un listado que suele sumar unos 18 estados del Caribe. Todos ellos se consideran víctimas del esclavismo porque en su suelo viven, justamente, las generaciones posteriores a los que fueron traídos a América por los tratantes de esclavos.
La votación salió 123 a favor de la resolución propuesta por Ghana, 52 abstenciones y 3 votos en contra, Estados Unidos, Israel, Argentina. En el recinto, sólo hablaron Dan Negrea, embajador de Estados Unidos ante la ONU y el de Argentina, Francisco Tropepi. Argumentaron que la resolución era “altamente problemática” y se opusieron a un “intento de clasificar los crímenes contra la humanidad en cualquier tipo de jerarquía”. Sostuvieron que la propuesta era “parcial”.
En verdad, la Casa Blanca votó en contra porque Estados Unidos fue uno de los principales beneficiarios del esclavismo y le tocaría pagar reparaciones económicas, mientras que la Cancillería hizo lo que viene haciendo: seguir a Donald Trump en lo que diga y vote. En el trasfondo se considera que el reclamo africano es parte de la agenda woke, progresista, en la que se batalla contra las desigualdades.
Por supuesto que la mayoría de los que se abstuvieron fueron los países europeos que tuvieron el protagonismo en la trata de esclavos: Países Bajos, España, Portugal, Reino Unido, Francia, o sea fundamentalmente las naciones europeas y Estados Unidos.
Golpe a Malvinas y a Grossi
En el Comité de Descolonización, que siempre vota a favor de la Argentina en el conflicto por Malvinas, hay actualmente 29 países. De esos, nada menos que 13 son africanos o afrocaribeños: Antigua, Congo, Costa de Marfil, Cuba, Dominica, Etiopía, Grenada, Malí, Saint Kitts, Santa Lucía, Saint Vincent y Granadinas, Sierra Leona y Tanzania. Todos esos se sintieron agraviados porque el gobierno de Javier Milei votó en contra de su principal reivindicación. Pero, además, hoy en día, la Casa Rosada, con su alineamiento indiscriminado con Trump, se ganó la enemistad de otros cuatro países, en este caso islámicos: Irak, Siria, Túnez e Irán.
Es decir que en el Comité de Descolonización la Argentina enfrenta serias dificultades con 17 de los 29 países.
A esto se agrega que el país y el gobierno de Milei respaldan la candidatura para secretario general de Naciones Unidas de Rafael Grossi, el titular del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Por estas votaciones, su postulación queda prácticamente herida de muerte. Hay bastante consenso en que la secretaría general debería salir de América, porque desde hace 35 años que el cargo es para representantes de Corea, Ghana, Egipto y Europa. El actual es el portugués Antonio Guterres, cuyo mandato vence a fin de año.
En el listado de candidatos está Michelle Bachelet, que tiene la dificultad que el gobierno de derecha de Chile no la respalda; Grossi, con buen prestigio por el manejo de la cuestión nuclear, y quien aparece como favorita, la costarricense Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de su país.
El problema de Grossi es, sin dudas, el gobierno de Milei, con políticas y votos que lo alejan de buena parte de los países representados en Naciones Unidas, una institución que está evidentemente en una crisis casi inédita.
Esclavitud y desigualdad
El reclamo de los países africanos y afrocaribeños es que la trata de esclavos significó la deportación forzada de millones de africanos, la explotación económica extrema y la desestructuración de las sociedades. Y los beneficiarios fueron los países esclavistas de Europa y América.
Página/12 consultó al reconocido historiador Felipe Pigna sobre las responsabilidades en cuanto a la esclavitud en lo que hoy es el territorio argentino, entonces Provincias Unidas.
“La responsabilidad y el beneficio fue de los países esclavistas, no sólo en nuestro territorio, sino en toda América. Estados Unidos se benefició de la esclavitud durante 150 años por lo menos. El motor de su economía fue la esclavitud. O el uso que hizo España en Cuba, en las colonias de América, en Perú, Bolivia, en Antillas. Portugal fue gran tratante de esclavos, igual que Holanda, Inglaterra en su momento tuvo a Liverpool como uno de los más grandes puertos esclavistas, hasta que en la Revolución Industrial se dieron cuenta que les convenía generar un mercado de consumo. En nuestro territorio, la etapa colonial fue tremenda. Eso es un reclamo hacia España, porque fueron los grandes importadores de esclavos. A la mayoría los llevaban a Potosí, a las minas, y después un remanente quedaba en Buenos Aires, como trabajo doméstico en las casas. Venían principalmente de Angola. Juan Manuel de Rosas empezó a dar libertades, pero recién se abolió en 1853. La Asamblea del año XIII otorgó la libertad de vientres, los hijos de esclavos nacían libres, pero fue difícil de implementar. En 1853 no hubo más esclavos. Insisto en que las responsabilidades fueron de los principales países esclavistas”.
En algunos de los planteos de las naciones africanas o afrocaribeñas no se exigen reparaciones en dinero sino en alivio de la deuda, inversiones en desarrollo y en educación. Los países europeos argumentan que el sistema era legal y que ya han pasado generaciones por lo que no se puede hablar de una responsabilidad directa.
En cualquier caso, el debate merecía algo más que el brutal alineamiento con la Casa Blanca. En especial, porque golpea en lo que ha sido una de las principales causas de los sucesivos gobiernos del país: la reivindicación de la soberanía en las Islas Malvinas. Repetir en espejo lo que dice Trump, sin mirada estratégica, sin evaluar siquiera si era mejor abstenerse o ausentarse, es seguramente uno de los peores caminos para cualquier política de relaciones exteriores.
Fuente: Tiempo Argentino

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