Estas reflexiones tienen que ver con las relaciones que existen entre las clases sociales de una sociedad con el rumbo de un país. Consideraciones sobre los ingresos económicos y la categorización en clases sociales y cómo influye el mensaje homogeneizante de los multimedios a la hora de la autopercepción de pertenecer a una determinada clase social.
En nuestro país, la categorización en clases sociales tiene un solo componente, que son los ingresos económicos de un grupo familiar que convive bajo un mismo techo. En los últimos relevamientos de diciembre 2025, se ha podido establecer los límites de cada clase social.
Según la consultora W dirigida por Guillermo Olivetto, solo el 7% de los hogares pertenece a la clase social alta (C1), pues tiene un piso de ingresos de 7 millones de pesos con un promedio de 12 millones registrados. Luego, con el 17% de los hogares argentinos, pertenece a la clase media alta (C2), con un piso de ingresos de tres millones setecientos mil pesos. Bajando por la pirámide, se encuentra la clase Media Baja (C3) con un 26% de los hogares con un piso de ingresos de dos millones de pesos. Por debajo encontramos a la clase Baja Superior (D1), que representa al 28 % de los hogares, cuyo piso de ingresos supera el millón ciento ochenta mil pesos. Finalizando en la base de la pirámide, se encuentran el 24% de los hogares y el 31,8% de la población de la clase baja inferior (D2/E): todos los hogares que están por debajo de un millón ciento ochenta mil pesos.

Ingresos y consumos, ¿Cómo y qué consumen las clases sociales?
En el tópico del consumo radica el movimiento del dinero en nuestro país, cómo y qué consumen según la clase social a la cual se pertenece, que en muchos casos no depende de la autopercepción, sino solamente de los ingresos. Todo un gran tema el hecho de pertenecer a una clase social en los números y las autopercepciones de los integrantes de dichos hogares.
Dentro de las cuestiones del consumo, tienen que ver con una multiplicidad de factores sociales, culturales y sobre todo de quienes más aportan económicamente al hogar. También a cómo se establecen los vínculos en la convivencia para la toma de las decisiones a la hora de consumir, en base a satisfacer las necesidades básicas de sus integrantes.
Según el estudio de Olivetto, “Las nuevas generaciones y tendencias del mercado” describe las realidades a la hora de gastar. La clase alta piensa en viajar y es por ello que gasta en viajes, y bajo la bandera de “Milei nos enseñó a ser ordenados”, ponderan que deben trabajar un poco más para mantener el nivel de consumo, compran lo que les gusta y son muy selectivos, eligen las primeras marcas. La clase media alta se ha logrado acomodar por el impacto económico inicial del 2024, donde no hay margen de error en los consumos, pues hacen malabares para mantener el nivel de consumo; se han restringido los lujos y el resultado electoral de octubre trajo calma.
La situación es muy distinta desde la mitad de la tabla para abajo, pues la Media Baja como la Baja Superior, el consumo de segundas marcas se ha transformado en normal; no hay gustos refinados ni permitidos, sin vacaciones y si las hay, son escapadas gasoleras. Predomina el eslogan “no hay plata”; todos los integrantes del hogar tienen que aportar para los gastos fijos y sobra mucho mes para los ingresos. Se llega al 15; los demás días se sobrevive mediante endeudamientos formales con tarjetas de crédito e informales con organismos de créditos no bancarios. Pero la clase que no se considera en el análisis es la de los caídos del sistema, la clase pobre e indigente que lucha por sobrevivir, trabajar o changuear para subsistir.
La medición del índice de inflación por parte del Indec, ¿realidad o una fantasía?
El INDEC mide la inflación mediante el IPC (Índice de Precios al Consumidor), que calcula la variación mensual promedio de precios de una canasta básica de bienes y servicios del consumo de los hogares que residen en un lugar determinado.
La canasta básica de bienes está determinada mediante una encuesta del INDEC a un grupo representativo para conocer su consumo; con estos datos se confecciona una canasta básica de bienes y servicios que incluye un listado que se conoce como canasta del IPC. De manera simultánea, se realiza mensualmente un relevamiento de precios de la canasta del IPC. Finalmente, se realiza una comparación en el tiempo, la llamada evolución promedio, pues todas las canastas de consumo tienen sus particularidades; es por ello que se realiza un promedio del consumo.
La canasta IPC incluye aquellos productos y servicios más representativos del gasto del conjunto de hogares en los siguientes rubros: Alimentos y bebidas; Transporte y comunicaciones; Bienes y servicios; Educación; Equipamiento y mantenimiento del hogar; Indumentaria; Atención médica y gastos en salud; Esparcimiento. Todos los inicios de cada mes, los encuestadores recorren y relevan los precios de los bienes y servicios que integran la canasta del IPC.
Se realiza el cálculo de la variación de precios comparándolos con los del mes anterior y, de sus variaciones con respecto al periodo base, se obtiene un número índice.

Aquí radican algunas dudas, pues dependiendo de dónde se realicen los relevamientos, grandes ciudades o pequeñas, shoppings, hipermercados, supermercados o comercios de cercanía de los barrios.
También es importante remarcar que no es lo mismo Canasta IPC que Canasta de alimentos, siendo esta última una canasta incluida en la primera; también, muchas veces se confunde con que el IPC mide el costo de vida y sus cambios con el paso del tiempo. El costo de vida contiene elementos subjetivos que surgen de la forma en que los consumidores cambian con el tiempo, teniendo como objetivo satisfacer sus necesidades; en cambio, el IPC mide una determinada canasta fija en el tiempo, los mismos bienes y servicios. ¿Por qué no se mide el Índice de Costo de Vida? No se puede medir porque no hay posibilidades prácticas de conocer en forma inmediata tres hechos: 1) los cambios en las cantidades consumidas, 2) los cambios en los precios de los bienes consumidos, 3) los cambios en los gustos y posibilidades de los consumidores. Por estos motivos se realizan índices de precios al consumidor.
Metodología del siglo pasado 1996-1997, no todo lo viejo funciona
Esta metodología se determinó en el año 2016, que incluye la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT), que utilizó una base de datos de 1996-1997 que definió qué productos y servicios componen las necesidades básicas; mensualmente se integra con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).
Todo esto apunta a pensar que la inflación en Argentina está mal medida, pues remarca un consumo de un IPC desactualizado al menos de dos décadas atrás; no pondera los gastos en servicios de los gastos fijos: alquiler, luz, gas, comunicaciones e internet; no incluye impuestos que no reflejan la pérdida del poder adquisitivo de la gente. Es por ello que el INDEC tiene una canasta básica obsoleta, no actualizando los hábitos de consumo; utiliza el gasto en telefonía fija cuando esta está en franco proceso de extinción con la supremacía de la telefonía celular, la existencia de las plataformas de streaming y el uso del internet. La subponderación de los servicios básicos: luz, gas, agua, transporte y prepagas que han aumentado por encima del promedio. También este índice no toma en cuenta los impuestos (Impuesto a las Ganancias) ni la quita de subsidios a las tarifas. Todo esto se percibe como un número dibujado o irreal, básicamente un número que nada tiene que ver con la vida real de argentinos y argentinas, cuyo impacto negativo se produce en las clases sociales menos favorecidas.
El síndrome PCGR: pobres con gustos de ricos, la clase media aspiracional argentina.
Según la teoría del filósofo José Pablo Feinmann sobre la clase media argentina, afirma que a la clase media argentina no le gusta ser clase media y tiene terror de ser pobre, pero quiere ser lo que nunca será, que es pertenecer a la clase alta o rica. Tiene mucho miedo de ser algo que no es, peor que puede serlo, clase baja. Cuando gobiernos de derecha arrojan a la clase media hacia abajo, se une a la clase baja o pobre; piquete y cacerola, la lucha es una sola. Devienen los gobiernos nacionales y populares hasta que recupera su nivel adquisitivo y vuelve a ser clase media aspiracional; luego de un periodo de tiempo, se une a las clases altas y se harta de los gobiernos populares. La clase alta oligárquica y clasista no soporta a esta clase media y la vuelve a hundir en la pobreza con nuevos gobiernos de derecha.
Esta teoría se manifiesta en toda Latinoamérica y el problema es un fenómeno de autopercepción. Todos aquellos que padezcan del síndrome PCGR, pobre con gustos de rico, tienen una imagen propia deformada por la influencia de los medios masivos de comunicación, mantener los relatos estandarizados de las redes sociales; el hecho de pertenecer es más importante que el hecho de ser. La sociedad del consumo facilita los mecanismos de manipulación instalando relatos hegemónicos donde se instalan el clasismo, el racismo, la segregación, la estigmatización. Desde todos lados se apunta a jugar el juego de inclusión-exclusión y establecer sin distinciones una jerarquía de valores a seguir.
Ser, parecer, desear ser o desear parecer para pertenecer influye a la hora de elegir desde un artículo hasta un presidente.
Como título parece algo muy desafiante, pues es tan amplio o tan restrictivo como lo puedas pensar. ¿Te condicionan tus gustos o los gustos te condicionan? ¿Te importa el gusto o la opinión de las mayorías? Si todos dicen algo que no lo puedes verificar en tu vida, ¿realmente te importa? La formación del ser es un proceso muy largo y dinámico, pues tienen que ver múltiples factores, logrando estabilizarse a través del tiempo. El hecho de parecer tiene que ver con procesos sociales de adaptabilidad a un grupo social en particular; el parecer está más asociado a una impostura o a una máscara social. En los procesos dinámicos desde la juventud hasta la adultez se desarrollan estos procesos de querer ser o querer parecer, sobre todo para lograr ser aceptado por un determinado grupo social donde es más fácil lograr consideración, prestigio y afirmación de la autoestima.
Es por ello que cuando se establece un relato hegemónico en el cual se desearía pertenecer, pues tiene valores altruistas como la libertad, igualdad, responsabilidad, honestidad y bondad, todos desearían pertenecer a esta clase. Estableciendo como lado oscuro los valores opuestos: esclavitud o dependencia, desigualdad, irresponsabilidad, corrupción, maldad.
Aquí radica el germen o las razones por las cuales las clases medias y bajas en determinados momentos históricos aceptan, toleran o aplauden a sus opresores. Es más que cuestiones de clase, es algo mucho más complejo que la derecha argentina ha sabido sembrar. Desde Irigoyen hasta la actualidad, la derecha ha sabido evolucionar en gran medida en base a sus propios errores; el libreto es el mismo, pero las formas se han perfeccionado para lograr que el oprimido siempre padezca el síndrome de Estocolmo con mucha alegría.
FM Chalet
Fuentes: Consultora W, dirigida por Guillermo Oliveto, estableció los valores vigentes para el tercer trimestre de 2025
¿QUÉ ES EL ÍNDICE DE PRECIOS AL CONSUMIDOR? Agosto de 2016 INDEC
José Pablo Fienmann “Teoría sobre la clase media argentina”
Nueva pirámide de clases sociales: ¿Cuánto tenés que ganar para ser de clase media? La Nación 2 de diciembre2025

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