Ante los avances de la mortal enfermedad, el país nórdico debió imponer algunas medidas restrictivas por primera vez desde el inicio de la pandemia.
El Gobierno sueco, elogiado por algunos y criticado por otros por su gestión del coronavirus sin cuarentenas ni medidas obligatorias, anunció a mediados de noviembre que limitará las reuniones sociales, en su primera restricción vinculante para tratar de contener la segunda ola de la pandemia que recorre Europa.
El Ejecutivo decidió limitar a ocho el número máximo de personas que se pueden concentrar en actos públicos, una medida que el primer ministro, Stefan Lofven, reconoció como “intrusiva pero completamente necesaria”. La misma se aplicará a eventos como conciertos o actos deportivos, aunque no a otros ámbitos como el educativo o el laboral, ni tampoco a reuniones privadas.
De esta forma, el Gobierno sueco impuso así las medidas más restrictivas de toda la pandemia, ya que en marzo recomendó reducir a 50 asistentes el aforo para actos públicos y a finales de octubre elevó el umbral a 300 para determinados casos, por ejemplo cuando el público estuviese sentado.
Con información de Sin Mordaza

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