El mejor basquetbolista de todos los tiempos dejó su huella en Hollywood y compartió cartel con Bugs Bunny. El recuerdo de un film que le dio aire fresco a la NBA y al propio jugador.
Michael Jordan cambió el deporte, en particular el básquetbol. Su jerarquía, su estilo y su ambición ganadora lo transformaron en el mejor jugador de la disciplina. Seis anillos de la NBA y una medalla de Oro en Barcelona 1992, siendo la figura del Equipo de los Sueños (Dream Team) junto a otros gigantes de la liga de Estados Unidos.
El 23 de Chicago Bull también se probó el traje de estrella de Hollywood. En 1996 se estrenó Space Jam, un híbrido del cine norteamericano que mezcló ficción con actores y dibujos animados. Fue así que el oriundo de Carolina del Norte saltó a la pantalla grande, nada menos que con Bugs Bunny como compinche.

Un dato que quizás muchos no conocen, es que el encuentro entre el deportista y el conejo en realidad nació en un comercial pensado para un Súper Bowl. Fue así que el éxito generado en esa corta publicidad fue llevado al séptimo arte.
La trama del film acude a un problema de los Looney Tunes con unos monstruos que llegan para conquistarlos, esclavizarlos y vaya uno a saber qué otra maldad más. El popular conejo piensa en desafiar a los extraterrestres por su pequeño tamaño con un partido de básquet. Es allí cuando los invasores toman prestados el talento de jugadores de la NBA.

Claro, para ese entonces Jordan pasaba sus días en el béisbol y no entró en el radar de los monstruos. Pero sí en la mente rápida de Bugs, que lo llevó a la fuerza a su universo. El 23 de repente pasó a liderar un equipo con personajes bastante más locos que sus anteriores compañeros.
La genialidad no tardó en explotar. Estrenada en noviembre de 1996, la película convocó a toda la familia para ver un partido más que raro. Evitando el spoiler (¡ya pasaron 30 años!), se puede decir que ganan los buenos y Jordan es el héroe.
Según consta en los registros, fue un éxito de taquilla. Recaudó más de 80 millones de dólares tan sólo en Estados Unidos y 250 millones a nivel mundial. Estos números transformaron al film en el más importante vinculado al básquet. Nada menos.

“Qué hay de nuevo viejo”
La mixtura entre lo real y lo animado fue el gran rasgo de la historia. No fue la primera vez, pero el recurso fue usado casi a la perfección. Con la tecnología de tres décadas atrás, los productores, guionistas y sonidistas lograron que interactúen los humanos con los personajes de dibujo.
Otro gran éxito fue la banda sonora de la película. “Fly Like an Eagle” de Seal de inmediato se transformó en un hit. Lo mismo ocurrió con “I Believe I Can Fly” de Robert Kelly, canción que quedó netamente asociada a los saltos de Jordan.
Los productores de la Warner no desaprovecharon la vidriera para introducir un nuevo personaje: Lola Bunny; una coneja que enamora al extrovertido Bugs pero no le da mucha cabida.

Por el lado del mundo real, se puede decir que el film también sirvió para darle un aire renovado a la NBA. Con la figura de Jordan en un limbo, la liga estadounidense necesitaba encontrar rápidamente una figura estelar.
No la encontró pero sí algo más de vidriera. Sería injusto no mencionar las actuaciones de Charles Barkley, Muggsy Bogues, Shawn Bradley, Patrick Ewing y Larry Johnson; elementos importantes en las franquicias del momento. También tuvo sus minutos, el histórico Larry Bird.
Hollywood aportó lo suyo. Bill Murray como amigo de Jordan y Theresa Randle como esposa del 23. Mientras que Danny DeVito le dio voz al villano Swackhammer, del reino de “Tontolandia”.
El último baile
“I’m Back” anunció Jordan en el comunicado de prensa más corto y con más impacto que se tenga recuerdo. Fue el 18 de marzo de 1995; 24 horas después firmó planilla para Chicago Bulls con la novedad del dorsal 45, el mismo que vistió en su fallido paso por el béisbol.
Poco le costó reencontrarse con la americana. En ese primer juego anotó 19 puntos frente a Pacers, el siguiente 55 unidades antes los Knicks de Nueva York. Devolvió a los Bulls a los playoffs con un promedio personal de 31,5 puntos. Sólo él podía lograrlo. Sin embargo, el empuje no fue suficiente. Chicago quedó en el camino y obligó a Jordan a volver a los orígenes: el 23 en la espalda.

La temporada 1995/96 fue exitosa. Llegó el cuarto anillo y la afirmación de que Su Majestad estaba más vigente que nunca. Los Bulls repitieron en el torneo siguiente (1996/97) conquistando el quinto título para el 23. Los récords estaban a la vuelta de la esquina.
En la temporada 1997-98, Chicago sostuvo el nivel y llegaron a las finales con un Jordan en su máximo esplendor. 28,7 puntos por partido, fue máximo anotador de la NBA y ganó el MVP de la temporada y del All-Star.
Sin embargo, el rival de turno aprendió la lección y no se la dejó fácil. Con la histórica dupla Malone – Stockton, Utah Jazz fue un digno rival en las finales y cayeron ante el mejor. Jordan fue el gran protagonista de los últimos segundos, con un robo en la defensa y una finta seguida de un tiro que le dio el título.
Fue su última canasta con los Bulls y una de las jugadas más famosas de la historia de la NBA. Con ese triunfo, el equipo consiguió su sexto título en ocho años.
Fuente: El Litoral

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