La número dos de Jorge Macri volvió a poner en la mira a la ESI y a las diversidades.

Hay debates que parecían cerrados. O, al menos, eso creían quienes defendieron durante años leyes como la Educación Sexual Integral o la Identidad de Género. Pero Clara Muzzio decidió volver a abrirlos. La vicejefa de Gobierno porteño aseguró que la ESI “les destruyó la cabeza a los niños”, la calificó como una “ideología siniestra”, dijo que “solo existen dos sexos” y negó la existencia de las personas trans.

El problema no es solo lo que dijo, sino desde dónde lo dijo. Como vicejefa de Gobierno, sus palabras tienen peso político. Cuestionar la ESI o negar la identidad de las personas trans implica poner en discusión políticas públicas y derechos que el Estado está obligado a garantizar.

La ESI, otra vez bajo ataque

La Educación Sexual Integral lleva casi veinte años en las escuelas argentinas. Desde entonces, pasó de ser un programa resistido por sectores conservadores a convertirse en una herramienta cotidiana para trabajar el cuidado del cuerpo, los vínculos, el consentimiento y la prevención de la violencia.

Pero hubo otro cambio menos visible y mucho más profundo. Con el tiempo, la escuela también se transformó en uno de los primeros lugares donde chicos y chicas pudieron contar situaciones de abuso que vivían dentro de sus casas. Docentes y especialistas recuerdan que muchas denuncias comenzaron después de una clase de ESI, cuando los alumnos pudieron ponerle nombre a lo que les estaba pasando.

Por eso las palabras de Muzzio generaron preocupación. Para quienes defienden la ley, desacreditar la ESI no es solo cuestionar un contenido escolar; es poner en duda una herramienta que ayudó a proteger a miles de niños y adolescentes.

Un cambio de discurso

Lo llamativo es que no siempre tuvo este discurso. Durante años Muzzio participó de actividades del colectivo LGBT+ y acompañó iniciativas vinculadas a la ampliación de derechos.

Hoy el escenario es otro. En los últimos meses la número dos del Gobierno porteño endureció su discurso sobre género, cuestionó la identidad de las personas trans, vinculó la caída de la natalidad con las mujeres que priorizan estudiar o desarrollar una carrera profesional y comenzó a utilizar conceptos que forman parte del repertorio de la nueva derecha conservadora.

Ese cambio de tono coincide con un clima político donde las llamadas “guerras culturales” ocupan cada vez más espacio. La discusión deja de girar alrededor de la gestión y se traslada hacia debates sobre diversidad, educación o feminismo, temas que distintos sectores utilizan para marcar identidad política.

El peso de hablar desde el poder

Buenos Aires no es una ciudad cualquiera en esa discusión. Miles de personas LGBT+ viven, estudian, trabajan y sostienen una parte importante de la actividad cultural, gastronómica y turística porteña. La diversidad forma parte de la vida cotidiana de la Ciudad.

Por eso las críticas no apuntaron solamente a las palabras de la vicejefa. También pusieron el foco en el lugar desde donde fueron pronunciadas. Porque una cosa es una convicción personal y otra muy distinta es el mensaje que transmite una funcionaria cuando cuestiona derechos que forman parte de la legislación argentina.

Fuente: Página 12

 

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