El Comité Noruego del Nobel reconoció la trayectoria de la ex Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y ex jueza del Tribunal Penal Internacional. Destacó su labor para que los responsables de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio sean llevados ante la Justicia.
El Comité Noruego del Nobel reconoció este viernes con el Premio Nobel de la Paz a la jurista sudafricana y ex Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos Navanethem Pillay, conocida como Navi Pillay, quien también fue jueza del Tribunal Penal Internacional (TPI).
«El Premio Nobel de la Paz 2026 es para una persona cuya excepcional valentía e integridad han marcado el camino hacia un orden jurídico internacional más amplio», afirmó el presidente del comité, Jorgen Watne Frydnes, antes de destacar su labor para avanzar en la tarea de llevar ante los tribunales a los responsables de «crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio».
«El compromiso de Navi Pillay con los principios jurídicos universales y su firme brújula moral han sido una constante a lo largo de su extensa carrera», destacó. También recordó que fue abogada y una «pionera del derecho» durante el apartheid en Sudáfrica, cuando se enfrentó a una profunda discriminación estructural, a la segregación y a la exclusión.
Frydnes destacó el «hilo conductor» que vincula su labor inicial en defensa del líder contra el apartheid Nelson Mandela con «su papel como jueza en algunos casos judiciales internacionales clave» durante los últimos años. Pillay fue jueza del Tribunal Supremo de Sudáfrica, del Tribunal Penal Internacional para Ruanda y del TPI, además de ocupar el cargo de Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014.
Pillay, quien entre 2021 y 2025 presidió una comisión de Naciones Unidas encargada de investigar las violaciones de los derechos humanos en Israel y los Territorios Palestinos Ocupados, actualmente se desempeña como jueza ad hoc en el caso contra Birmania por acusaciones de genocidio contra la minoría musulmana rohingya en el estado de Rajine.
«En casos históricos ante tribunales internacionales, ha demostrado que las medidas jurídicas pueden ayudar a prevenir actos de guerra y violencia», destacó Frydnes, quien profundizó en que Pillay «también ha contribuido a fortalecer las instituciones del derecho internacional». «Su independencia, experiencia y firmeza la han convertido en una de las juristas internacionales más respetadas de nuestro tiempo», agregó.
En este sentido, destacó que «en un momento de desafíos existenciales, con más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo, el derecho internacional ya no es un complemento de la paz y la seguridad». «Es una necesidad», sostuvo. Al mismo tiempo, lamentó que «el sistema del derecho internacional está bajo una tremenda presión» y que «sus instituciones están siendo atacadas».
«Observamos un giro hacia la política de poder en detrimento de los marcos jurídicos y del respeto mundial por el derecho y la justicia. Siempre que la fuerza se impone al derecho, se socavan la estabilidad, la confianza y la coexistencia pacífica», advirtió. Antes de concluir, hizo hincapié en que el galardón de este año busca «recordarle al mundo» que el Estado de derecho «es la base del sistema establecido para garantizar la paz y resolver los conflictos de manera no violenta».
«La paz exige justicia. La historia ha demostrado que un mundo que funciona al margen del Estado de derecho es injusto, imprudente e inhumano», manifestó durante el anuncio del premio. En ese marco, recordó que Pillay «ha exigido responsabilidades a Estados y líderes nacionales, y ha llevado esperanza a las víctimas de la violencia y los conflictos».
Por estos motivos, defendió que la premiada «es una de las grandes defensoras de los principios jurídicos internacionales de nuestra época». «Su distinguida trayectoria nos recuerda la necesidad de apoyar, reforzar y ampliar el Estado de derecho a escala mundial. El compromiso de Navi Pillay con la justicia y la dignidad humana constituye una fuente de esperanza e inspiración para todos aquellos que aspiran a construir un mundo más pacífico», concluyó.
Pillay, nacida en Sudáfrica en 1941, sucede así a la opositora venezolana María Corina Machado, galardonada en 2024 por su «incansable esfuerzo» para promover los derechos y las libertades en Venezuela y favorecer una transición «justa y pacífica» de «la dictadura a la democracia».
El Instituto Noruego había registrado este año más de 280 candidaturas: 208 correspondían a personas y otras 79, a organizaciones. Las nominaciones permanecen en secreto, ya que los nombres de los aspirantes solo se hacen públicos 50 años después de la entrega del galardón.
GS con información de Europa Press
