FM Chalet dialogó con Pablo Tigani Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Políticaquien detalló de manera precisa como hasta los ahorros en dólares sucumbieron ante la inflación en un articulo de Ambito Financiero . Describió a grandes rasgos cuestiones como: “A menudo la profecía es la causa principal del acontecimiento profetizado” (Thomas Hobbes, Behemoth), en referencia a los gurues de la economía ortodoxa que se pasean por los set de televisión augurando un escenario nefasto de la economía argentina, los Melconian, los Milei.

“Efecto Pigmalión”

Es el proceso que provoca que la expectativa respecto a determinados hechos futuros aumente la probabilidad de que los hechos ocurran. La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición falsa de la situación, que despierta un nuevo comportamiento que hace que la ilusoria concepción original de la situación se vuelva verdadera.

Por ejemplo, si alguien supone que lo relegan, se comportará receloso, insufrible, hipersensible y producirá en los demás el desprecio del cual él ya estaba convencido, así será comprobado en su hipótesis.

En 1979 los periódicos de California comenzaron a publicar noticias sobre la inminente reducción en el suministro de gasolina. Los automovilistas se precipitaron a los surtidores y llenaron 12 millones de tanques de combustible. Sucedió que se agotaron esas enormes reservas y por la mañana ocurrió la predicha escasez. Cuando los ánimos se calmaron se comprobó que la provisión y distribución nunca habían disminuido. No hubiera habido escasez, si no la hubieran pronosticado. El futuro-no el pasado-determinó el presente. Lo ocurrido no es sorprendente ni desconocido para los que estamos al tanto.

La teoría económica, financiera y la medicina

Es cierto que tenemos herramientas técnicas de predictibilidad, basadas en experiencias anteriores, para estimar los efectos con miras a obtener el resultado más aproximado posible, desde la simple utilización de “regresión y correlación”, hasta las más sofisticadas modelizaciones financieras de acontecimientos futuros. Todo esto procura deducir, luego se revelará en “verdadero o falso”, no obstante, no tiene por qué ejercer una influencia en el curso de los acontecimientos.

Ejemplos: si alguien comienza a sentir dolor de cabeza, tirita de frio y estornuda, fundándose en experiencias anteriores podrá auto diagnosticarse un resfriado y, tomar aspirinas, bebidas calientes y reposo. Hasta aquí alguien captó anticipadamente un recorrido causal y reaccionó a un fenómeno que se desarrolla en el presente y, de esta manera influye en el curso presente.

En el caso de la gasolina, todo se desencadenó por las acciones que se tomaron por precaución. La presunta solución futura es la que creó el problema. Las profecías que se auto cumplen pueden utilizarse deliberadamente y con un fin, a veces inconfesable.

Pero para que se cumplan las auto profecías hay que creerlas. “Durante mucho tiempo creía que la existencia del efecto Edipo distinguía las ciencias sociales de la naturaleza. Pero aun en la biología molecular las expectativas desempeñan un papel: ayudan a que se produzca lo que se esperaba” (Karl Popper). Podríamos agregar que factores tan poco científicos como las expectativas y las suposiciones de las ciencias económicas nos avergüenzan, así como las preguntas de los periodistas: “lo que observamos no es la naturaleza misma, sino la naturaleza impuesta por nuestra manera de plantear las preguntas” (Heinsenberg).

La predicción que se auto cumple se introdujo en el mundo docente con alumnos sometidos a test de inteligencia. Según el caso (Oak School), se comunicó a las educadoras que un test había dado que el 20% de los alumnos durante el año haría rápidos progresos. Se entregaron a las maestras los nombres elegidos “por entero al azar” de quienes podría esperarse con seguridad un desempeño extraordinario según los test. Las catedráticas ya sabían quieres eran los mejores a priori. Cuando ellas tomaron el mismo test, se repitió efectivamente el resultado en los coeficientes de inteligencia superiores al promedio. Resultaron coincidentes, además el informe señalaba buena conducta, curiosidad intelectual, y hasta la simpatía de los genios… (Robert Rosenthal, Harvard: Pygmalion in the classroom)

A doce participantes de psicología experimental se les mostró un estudio falso que demostraba que en la cría selectiva de ratas con buena herencia genética se podían obtener resultados de aprendizajes sobre salida de laberintos. Supuestamente, seis estudiantes recibieron las 30 ratas más inteligentes y otros seis recibieron las 30 ratas menos inteligentes. En realidad, todas las ratas eran iguales en inteligencia o “no inteligencia”. Al terminar el evento, los informes de ambos grupos coincidieron con las definiciones que previamente se les había impuesto. Unos dijeron que eran inteligentes y otros tontas. Los de las ratas supuestamente inteligente hasta agregaron que eran juguetonas y se hacían acariciar.

El hecho que la ciencia pase por alto estos extraños resultados narrados y continúen adelante, nos advierte sobre la obstinada creencia de supuesta seriedad de los pronosticadores que no aciertan una. La presunta científica objetividad de estos imaginarios eruditos, puede poner a la defensiva a los inversores cuando ven amenazado su capital, atemorizando también al conjunto de la sociedad. Estos ejemplos arrojan luz sobre la espantosa realidad de decenas de perturbaciones de mercado. Construcciones de voceros y operadores para contribuir a crear realidades.

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