El péndulo y el tobogán

12 Atajos en una Hora dialogó con Pablo Semán Sociologo, antropologo sobre las recientes manifestaciones policiales, las internas del Frente de Todos y el avance de una ultraderecha que no se ve pero desplaza la agenda. Y dice: “Que nadie se ilusione con simetrías ni se queje de la estructura de lo real. No vivimos en un péndulo sino en un tobogán: cada vez que “volvemos” es diez pisos más abajo”. Publicación realizada en la Revista Anfibia

¿Qué nos revela la manifestación de la policía? ¿De qué nos vamos a morir? ¿De nopasanadismo? ¿De creer que vivimos en relaciones de fuerza que no existen? ¿De mecanicismo mental? ¿De presumir peronismo cósmico y esencial? Las afirmaciones de Eduardo Duhalde, cuya falta habrá sido en todo caso confesar una trama en curso, no deben tomarse ni literalmente ni con la actitud impostada de piloto de tormenta o con llamados infantilizantes a la tranquilidad del interlocutor. Porque tampoco se trata sólo de las afirmaciones de Duhalde sino de la experiencia latinoamericana de ésta época en su conjunto y lo que ella enseña. Para decirlo brevemente y con las palabras angustiadas de nuestro himno nacional estamos como cuando la existencia autónoma de las  Provincias Unidas del Sud pendía de un hilo:

¿No los veis sobre México y Quito

Arrojarse con saña tenaz?

¿Y cuál lloran, bañados en sangre

Potosí, Cochabamba, y La Paz?

 

Una de las capas innegables del asunto es la situación laboral de los policías. Todo el acting de Super Berni no alcanza para ocultar que la relación del ministro con la policía no era todo lo fluida que podía deducirse de sus exhibiciones de marcialidad y que ahí había una desatención. Algunos pretenden diluir los hechos en la interna. Seguramente habrá algo de ese estilo en estas semanas en que el Frente de Todos devino en el Frente de Todos contra Todos. Y en ese devenir se está ofendiendo la premisa básica de su existencia: la unidad, la primacía de la cooperación por sobre el conflicto, que si los hermanos se pelean los devoran los de afuera.

 Pero desde la interna hay que ir a un círculo externo de factores más amplios y más determinantes. Apelando a convenciones conocidas y lamentablemente limitadas, hay que decir que la Argentina tiene cuatro espacios políticos: centro (el Gobierno), derecha (los opositores que pueden dialogar), ultraderecha (Macri) y ultraderecha plus (que crece a la derecha de Macri y no se ve pero desplaza la agenda). Mientras el centro, que es la izquierda, se desgasta entre herencia y la pandemia las derechas anhelan y dirimen liderazgos para unificarse.

Hay que ser muy argentinocéntrico y muy recién converso al peronismo para desconocer la radicalidad y la historia de las clases populares bolivianas como para afirmar con pretensión de veredicto que no hay nada como el peronismo en la región. De la revolución de 1952 a la experiencia del MAS y Evo Morales hay centenares de avances y enseñanzas en una sociedad mil veces más racista, más clasista y excluyente que la nuestra.

 Y hay que desconocer absolutamente el hecho de que la transición democrática brasileña, aunque menos radical que la argentina, fue de una arquitectura y unas raíces tan complejas que muchos de los que hoy creen que el Nunca Más está escrito en piedra vieron aquella tan sólida como incapaz de incubar el Bolsonaro que al fin apareció. Y también hay  algo  de memoria selectiva cuando se olvida que el consenso alfonsinista de los derechos humanos tuvo, desde su nacimiento, el contrapunto del acoso peramente al Nunca Más, a los juicios, a las condenas y al balance histórico del terrorismo de Estado.

Las afirmaciones sobre las fuerzas armadas ignoran la rapidez con que cambiaron en Brasil en los últimos años y la velocidad con que lo hicieron en Bolivia. Tan profesores del peronismo que son y olvidan lo que decía el propio Perón: que en las fuerzas armadas la mayoría solo se preocupa por su carrera  (son “pancistas” decía el general) y en una coyuntura unos pocos oficiales activos determinan su orientación e incluso su activación política.

 Vistos los detalles una respuesta general a los tres argumentos: nada de la actualidad se explica por el pasado sino por un presente que moviliza el pasado y lo redefine con todo lo que agrega ese presente. La historia no se repite. Ni como farsa. No habrá “golpe” pero todo está dispuesto como para limitar el juego democrático de alguna forma.  No hoy, no mañana, pero ahí están los vectores cuya convergencia y sinergia puede ser incendiaria en una coyuntura no tan lejana: los efectos sociales retardados y acumulados de la pandemia y los años de recesión, la voracidad vengativa y refundacional de la oposición, el acicate de las potencias globales y ahora la fragmentación estatal. Importa menos el nombre del modelo institucional bajo el cual se busca restringir la democracia y dar curso a una nueva ola de exclusión, que el proceso que apunta a ese fin. Son procesos que  avanzan y permiten oleadas que profundizan la anterior. Que nadie se ilusione con simetrías automáticas del otro lado ni se queje de la estructura de lo real. No vivimos en un péndulo sino en un tobogán: cada vez que “volvemos” es diez pisos más abajo.

Escucha la entrevista completa:

 

 

 

 

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