Coronavirus: cómo leer la curva de contagios en Argentina

El objetivo es achatarla para que el sistema de salud esté en condiciones de responder. ¿Cuándo volverá todo a la normalidad? ¿En cuánto estará disponible la vacuna diseñada en China? La palabra de los expertos.

Por Pablo Esteban / Página 12

Desde el 3 de marzo, cuando el país conoció la noticia del primer infectado, la curva se ha desplazado de manera ascendente. Al momento de publicar esta nota el Ministerio de Salud había informado 79 casos de contagio, de los cuáles los últimos fueron 14 (12 de individuos con antecedente de viaje por zonas afectadas, y los dos restantes por contacto estrecho con pacientes que ya habían sido diagnosticados).

El país parece registrar hasta el momento pocos casos en comparación al mundo, sin embargo, ¿implica que la situación está siendo bien controlada? ¿Qué dice esa curva? Los gráficos se producen como herramientas de divulgación, aunque en muchos casos, la sociedad no fue entrenada para “leerlos”, es decir, para comprenderlos en su contexto y abordarlos en su debida complejidad.

.

Aquí se puede ver un gráfico comparativo con países limítrofes, con 48 horas de retraso.

“En otros países, al mes del primer caso, los infectados hicieron un pico exponencial y de un día para el otro sumaron miles. Aquí tenemos un promedio de 10 diarios porque las medidas de cierre de fronteras y demás que el gobierno tomó, en otros lugares como España e Italia, se decretaron mucho más tarde. Es muy difícil adivinar si nos alcanzará con cortar todo hasta el 31 de marzo o si necesitaremos prolongar el cese de algunas actividades”, plantea Florencia Cahn, médica infectóloga y presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE). Y completa: “Los casos van a seguir aumentando. No obstante, al cortar la circulación masiva de gente por las calles, la curva ascendente podrá aplanarse y distribuirse mejor en el tiempo. No me preocupa el número total porque sé que el 80% serán leves, sino en qué lapsos se producen los brotes. Si no hacemos caso a las medidas de aislamiento, el sistema no responderá. No es un tema de Argentina por ser un país subdesarrollado o poco preparado, sino que cualquiera, en condiciones de pandemia, estalla». Desde la comunidad médica aseguran, según la evaluación de la progresión hasta el momento, que en el 80% de los casos la enfermedad es leve, en el 14% es moderada y en el 6% restante se exhibe en toda su severidad. En efecto, como indica el sentido común, los grupos más vulnerables deben guardarse sin restricción porque al contraer el virus podrían verse muy afectados.

“La proyección muestra que el número de ciudadanos con el virus se incrementa a un ritmo constante, aunque no estamos en un período de contagio muy acelerado. De todos modos, para ser sinceros, no se sabe muy bien en cuántos casos estamos porque se realizan muy pocos análisis por día. Solo el Instituto Malbrán se encarga y realiza 56 a diario. No solo me cuesta creerle a nuestros números sino a los de todo el mundo. Para analizar las curvas necesitamos tomarnos algún tiempo”, señala Juan Carballeda, investigador del Conicet en el Laboratorio de Virus Emergentes del Instituto de Microbiología Básica y Aplicada de la Universidad Nacional de Quilmes. El tiempo: recurso que parece escasear en épocas de pandemia. Desde aquí, algunas claves a tener en cuenta son que, por un lado, como apunta el científico, la capacidad de diagnóstico es moderada y, por otro, que hay gente que todavía se encuentra incubando la enfermedad y, como no presenta síntomas, aún no contacta al sistema de salud.

Frente a ello, el gobierno anunció que de manera inmediata se abrirán cinco centros desperdigados por el territorio para confirmar aquellos casos en que hubiera infecciones. La descentralización del diagnóstico brindará un respiro a los especialistas del Malbrán. “Están a full todo el tiempo, el laburo que realizan es realmente digno de admiración. El principal nudo para la apertura de otros centros es que, como se canceló la posibilidad de los vuelos, es más engorroso traer gente para acelerar el proceso de las capacitaciones necesarias”, dice Carballeda. La prueba que ejecutan desde el Malbrán es la mejor posible, de calidad garantizada: primero realizan análisis para detectar gripe, luego examinan si la prueba da positivo en relación a algún coronavirus y, finalmente, ensayan el examen para COVID-19. El desafío, por lo tanto, es que surjan nuevas instituciones que puedan trabajar con los mismos parámetros de excelencia. Hasta ahora la prueba de un ciudadano que habita en Jujuy, o bien, en Tierra del Fuego debe trasladarse hasta CABA para ser estudiada. El diagnóstico se ralentiza y, con ello, las medidas de acción ante un hipotético positivo tardan en efectuarse.

Lo difícil de este presente incierto es que clausura la posibilidad del ejercicio prospectivo, de proyectar a futuro. La ciudadanía quiere soluciones rápidas pero la ciencia tiene sus tiempos. Entonces, ¿cómo lidiar con la presión social en un contexto de tanta incertidumbre? “Realmente es muy difícil. Hasta el 15 de febrero pensaba que estaba controlado y que solo ocurría en China. Ese paisaje se modificó drásticamente en apenas 10 días. Para un ejemplo concreto miremos lo que pasó en Italia: se estaban matando de risa y hoy no saben cómo frenarlo. Si hoy tenés tos te diagnostican coronavirus porque no tienen recursos para hacer las pruebas. Están colapsados. Si aquí no nos aislamos nos podemos contagiar demasiado rápido y la presión al sistema será fatal”, describe Carballeda.

Instar al aislamiento social es una acción acertada en la medida en que, según lo que puede observarse en otras latitudes, consigue retrasar la expansión de la enfermedad. El propósito, entonces, será achatar la curva de manera que los casos sean los mismos pero estén más separados en el tiempo. Con ello, las instituciones de salud pública podrán dar respuestas certeras que, ante brotes explosivos, no es posible brindar. Desde esta perspectiva lo entiende Cahn cuando narra: “Había colegas que, incluso, procuraban restringir aún más la cosa. Somos conscientes, a tiempo, de la imprevisibilidad del asunto. Esto puede explotar en cualquier momento, por ello, disminuir la cantidad de gente en los espacios públicos resulta vital para cortar la cadena de transmisión. Hay que quedarse en casa, no hay vuelta que darle”.

En lo inmediato, una vacuna contra falsas esperanzas

Desde el Ministerio de Defensa chino anunciaron que comenzarán con los ensayos clínicos de una vacuna recombinante para el virus. La noticia corrió rápido y a la par se viralizaron las esperanzas de la población mundial. No obstante, hay que ser cautos. “Debemos bajarle 10 cambios a esta cuestión. Es cierto, los chinos hacen todo a una velocidad increíble –ya hemos visto la velocidad con la que construyen hospitales– pero hay pasos que no se pueden saltear en el proceso de realizar una vacuna”, comenta.

El virólogo se refiere a las pruebas de toxicidad –esto es, si causa daños en el organismo– y efectividad que se realizarán en un grupo de 100 personas desde la fecha hasta el 31 de diciembre. Recién a fin de año, si todo sale bien, el fármaco podrá escalarse a nivel industrial y ser comercializado. “La mayoría de las veces las vacunas fracasan. Lo que sucedió con la del dengue es ilustrativo: había pasado con éxito todas las etapas y cuando la probaron en la población demostró que no funcionaba. Hay que saber que suelen fallar y que hay eslabones en su diseño y puesta a punto que no se pueden prescindir. Falta un año como mínimo para que esté disponible, nos esperanza pero no me gustaría que nos hagamos falsas ilusiones en lo inmediato”, advierte el referente del Conicet en el tema.

 

Compartí la nota

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *